Carolina Ruggero | El Correo de las Indias
Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 17 abril, 2015 ~ 4 ~ 6

Ruralidad inteligente

rural hub
Este es un post sobre la vuelta a lo rural. Y esta vez hablo de la ruralidad de verdad, no de volver a lo natural o a los orígenes, ni a cómo vemos este discurso y qué significado real creemos que esconde.

Hablo de cómo vivir en el campo o en un pueblo predominantemente rural. De qué características deberían encontrarse para que esta vida sea apetecible desde el punto de vista de nuestras necesidades, no nos mantenga aislados y tenga visión de futuro. Las respuestas son mayoritariamente tecnológicas y en dos aspectos diferentes: el que hace a la producción agropecuaria y el que hace al modo de vida en entornos rurales.

Desde sensores de humedad para suelos y semillas hasta la automatización de regadíos; desde controladores de temperaturas hasta la medición de acidez del suelo o control de plagas, todo seguido por el productor desde su dispositivo móvil; desde cosechadoras que no permiten el más mínimo desperdicio hasta drones que controlan al ganado; desde la evolución de los sistemas de generación de energía eólica y solar, hasta las posibilidades que brinda la modificación genética de semillas y embriones de ganado. La evolución tecnológica para finalidades agrícolas y ganaderas es tan inmensa como sorprendente. Por eso mismo, aquí también existe un enorme entramado de capturas de rentas, monopolios, patentes, subvenciones encubiertas y startups mimadas en las rondas de capitalización.

drone ruralEn cuanto al modo de vida, por supuesto se ve influido por la evolución en las tecnologías aplicadas a la producción, porque en la mayoría de los casos vivir en un determinado lugar se asocia a lo que haces para vivir. Las necesidades logísticas familiares y comunitarias que puedas tener podrían englobarse en lo que se denominan «Zonas Rurales Inteligentes», concepto que nos habla de las tecnologías que intentan conectar servicios de zonas despobladas, para economizar esfuerzos.

El campo inteligente

Ejemplos de esto podrían ser servicios de transporte que se vinculen con sistemas de paquetería, formas de organización flexible del transporte para que se ajuste a necesidades reales de los habitantes, posibilidades de combinar comercios de distintos tipo para aprovechar mejor un mercado agregado o sistemas cooperativos de acceso a internet y electricidad. Se trata ni más ni menos de aprovechar las infraestructuras existentes, teniendo en cuenta las características de las conexiones en los distintos entornos, vincularlas con dispositivos móviles de una manera inteligente.

Ahora bien, si en las ciudades se ven las deficiencias de los sistemas estandarizados creados por las empresas de siempre, ante una menor escala los efectos serían mucho peores.

Campo-y-webSi en las grandes ciudades las soluciones desarrolladas por pequeñas empresas la mayoría de las veces se vieron truncadas ante la llegada de los proyectos de «smart city» llave en mano, en los entornos rurales la necesidad de defender dichos desarrollos es prioritaria. Sólo software centrado en los usuarios, en las características del territorio, las costumbres locales y que respete las características distribuidas de las distintas localidades, podrá satisfacer lo que esperamos de un entorno rural moderno donde apetezca producir y vivir.

Es decir, si las tecnologías actuales ya nos permiten desarrollan negocios a escalas óptimas menores de producción, conservando o aumentando el alcance a un mercado global, su correlato en la forma de vida en entornos rurales también tiene que permitirnos una organización social que posibilite el generar nuevas propuestas de hospitalidad, comercialización, comunicación, transporte, restauración y todo lo que se nos ocurra, a partir de una estructura distribuida que garantice la identidad de los distintos pueblos y comunidades pero que a la vez integre necesidades y ofertas a los efectos de compartir recursos y potencie las posibilidades existentes aumentando la diversidad de experiencias y mejorando la calidad de vida, para que cada quien pueda vivir en el lugar donde se sienta más a gusto.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 13 abril, 2015 ~ 6

Ir de compras cuando el tendero quiere

compras

Hace unos días Nat nos hablaba de por qué lo deseable sería no querer irnos nunca de vacaciones, el post estaba asociado a la ética hacker y creo que ese a es una idea central en relación al ocio y el tiempo libre.

Ahora bien, qué pasa cuando no logras un equilibrio entre la atención a tus clientes, el disfrute de tu trabajo y el merecido descanso (entendido como necesidad de cambiar de registro). Más aun, ¿qué pasa cuando mi trabajo es estar disponible cuando otros están más dispuestos para venir a comprarme? Pasan distintas cosas…

Muchas veces comentamos que organizamos nuestra semana laboral de lunes a viernes (sobre todo las reuniones) porque es la mejor manera de compaginar tanto trabajo como tiempo libre con otras personas. Sin embargo, cuando tenemos ganas de hacer cosas como elegir un vestido especial en una tienda o centro comercial, o hacer la compra mensual en el super, suspendemos la actividad en la mesa de trabajo una tarde, una mañana o hasta un día entero. ¿Por qué? Porque el día ideal para hacerlo sería el domingo y los domingos todo está cerrado.

Las ciudades turísticas

SVBLa semana pasada nos tomamos unos días de descanso en San Vicente de la Barquera. No solo estaban absolutamente todos los comercios abiertos hasta tarde en la noche sino que además, aquellos que no tenían sus locales en la zona centro, pusieron puestos en la plaza.

Bilbao, que a estas alturas ya debe ser famosa entre los turistas por su tristeza en domingos, puentes y semanas santas, organizó por segundo año el BasqueFest, un conjunto de actividades rebosantes de tipismo y tradiciones rurales, que sería la gloria para cualquier ciudad o pueblo vecino pero que claramente está en contra del tipo de posicionamiento que busca Bilbao como ciudad receptora. Sin embargo, calculo, fue una medida desesperada del ayuntamiento para torcer el brazo a los comerciantes, muy dados a cerrar sus puertas cada vez que la ciudad se llena de turistas.

Es que el de los comerciantes de Bilbao es un caso muy traumático de interiorización de una norma que les perjudica, hasta el punto de defenderla en contra de la misma autoridad que debería vigilarla. ¿O será que no es el estado quien vigila el cumplimiento de la norma?

Los domingos del señor

familiacatolica03Hace unos días leíamos que en Hungría entró en vigor una nueva ley que limita la apertura de tiendas los domingos. Esta ley surge a partir de una iniciativa del partido cristiano fundamentalista KNDP, socio minoritario de la coalición en el poder. La ley solo se aplica a los comercios familiares que abarcan menos de 200 metros. Además, son excluidos de esta norma las farmacias, las tiendas de tabaco, los mercados de agricultores y los supermercados de las bases militares, así como las tiendas de las estaciones de tren y autobús, de los aeropuertos, los cines y los restaurantes.

Prohibidas también las entregas el domingo y la apertura de los comercios durante la semana entre las diez de la noche y las seis de la mañana… La prohibición no se aplica durante los cuatro domingos que preceden a la Navidad y los comerciantes podrán abrir un domingo al año a elección suya… En cuanto a las tiendas situadas en zonas turísticas, parece que podrán continuar abriendo, pero el Gobierno no descarta un cambio de opinión al respecto.

Muchas tiendas se han visto afectadas económicamente ya que en Hungría, como en muchos otros lugares, tiendas como las de bricolage, alcanzan sus mejores ventas los domingos. Para afrontar estas pérdidas, estos comercios han ampliado sus horarios los días entre semana, alargando notablemente la jornada laboral de sus trabajadores (que no se pagan más como las horas extra de los domingos).

El que quiere que vaya a misa y el que no…

OcioLa discusión sobre las regulaciones para la apertura de establecimientos comerciales ya es larga y, como no, llena de pretextos que como resultado tienen la invasión de la libertad individual. En el caso húngaro vemos como uno de los argumentos más esgrimidos, el de la protección del pequeño comercio frente a las grandes superficies, es falaz ya que en este caso las grandes superficies están exentas de cumplir con la normativa.

Lo que está en el fondo de estas normativas es el carácter moral del domingo y, de esta manera, la regulación de nuestro tiempo de ocio. ¿O acaso el señor que nos sirve el tradicional vermut del domingo no tiene derecho a descansar? Seguramente sí y lo hace en otro momento.

Por otro lado, me animaría a afirmar que, al igual que yo, muchas personas preferirían hacer sus compras que requieren más tiempo como si fuera parte del paseo o disfrutarían viendo tiendas abiertas mientras van al cine al centro comercial un domingo. Me atrevería a decir que alguien que no tiene trabajo también estaría motivado por un trabajo de fin de semana y festivos.

Pero no, no creo que todos los comerciantes deban abrir los domingos, solo aquellos a los que les resulte rentable. Porque si bien nosotros trabajamos muchas veces en domingo, nos resultaría difícil concertar muchas reuniones en fin de semana y algo parecido puede pasar en muchos sectores. De la misma manera, en algunas ciudades hay sucursales bancarias en centros comerciales que operan en fin de semana para que la gente que termina de trabajar después del cierre durante la semana pueda resolver algún trámite presencial que tenga pendiente. Seguramente les resulta rentable o no lo harían.

El comercio es flexible y busca oportunidades o no es comercio. De la misma manera, elijamos como día de reposo aquel que nos venga mejor y hagamos lo que más nos gusta. Desacralicemos el domingo.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 31 marzo, 2015 ~ 2 ~ 44

Los Dioses somos nosotros

Interestellar
Disclaimer: este post puede contener spoling. Esto quiere decir que si no viste Interestellar, arderás en deseos de verla después de leerlo aunque posiblemente pierda un poco el efecto novedad.

Interestellar es una peli de ciencia ficción, de viajes en el tiempo, distópica y utópica al mismo tiempo, desesperante, optimista, subversiva.

La historia va de los últimos días del planeta Tierra. Nubes de polvo y plagas que acechan uno a uno los cultivos hacen que la vida en el planeta sea paulatinamente inviable, llevando la necesidad de la especialización agraria a tal extremo que comienzan a negarse ciertos avances históricos de la ciencia en la educación infantil para que nadie desenfoque del objetivo: cultivar la tierra para poder comer.

El protagonista, ex piloto de la NASA devenido en granjero, cultiva en sus hijos el amor por la ciencia e incentiva a su hija a utilizar la explicación científica ante cualquier evento sobrenatural. Además, en los ratos libres, se dedica a cazar drones que siguen volando desde tiempos anteriores al desastre. Sin embargo, a escondidas, la NASA sigue funcionando y, en paralelo a múltiples señales tanto en la Tierra como fuera de ella, están trazando planes alternativos para salvar a la humanidad toda. Para ello, es imprescindible salir a explorar planetas viables para la vida humana.

Y aquí comienzan a sucederse explicaciones y visualizaciones de agujeros negros, agujeros de gusano, galaxias lejanas, tiempos alternativos… una aventura que nos pondrá en tensión constante, no debida a posibles accidentes que provoquen la muerte inminente, sino a decisiones que se relacionan con el futuro de la humanidad en contraposición al futuro de las relaciones personales de los mismos protagonistas: bajar en un planeta o no puede significar una diferencia de 20 años en los que los seres queridos  paralelamente envejecerán en casa; decidir iniciar una colonia nueva en otro planeta significaría abandonar esperanzas de salvar a quienes viven en la Tierra en ese mismo momento…

Y este es uno de los trazos más subversivos de la película porque, si bien la humanidad está en juego, fallar o no a sus seres queridos es una tensión fundamental del protagonista incluso ante la salvación del género humano enarbolada por quienes (quizás) terminen siendo los verdaderos enemigos.

Otro trazo argumental distintivo es el que esbozaba más arriba: la apuesta por el avance de la ciencia opuesta a un miedo por lo impredecible traducido en una especie de ignorancia arrogante y decrecionista.

Esto último está en relación con ciertos acontecimientos catalogados como paranormales que se terminarán reconociendo como potencialidades científicas posibilitadas por los saltos temporales pero, por sobre todas las cosas, por la voluntad de negarse a aceptar una realidad opresiva que limita el desarrollo. Esa realidad tiende a explicar los fenómenos como imposibles o realizados por inteligencias superiores, entendiéndose esta superioridad como paranormal, divina o extraterrestre.

Sin embargo, y aquí el mayor spoiling de este post y la subversión más grande de esta película, aquello que es interpretado como fenómeno termina siendo ni más ni menos que la evolución del pensamiento, la ciencia y la técnica realizada por aquellos que creyeron que en ese desarrollo estaba el futuro del género humano pero, por sobre todas las cosas, la posibilidad de creer y querer a sus seres queridos. Porque, frente la retórica que intenta imponer constantemente como ««lo más racional» la «salvación de la Humanidad», algunos de los protagonistas presentan como lo más racional la defensa de su comunidad de afectos.

Hace casi un siglo que la Teoría de la Relatividad General fue expuesta en una ecuación. Esta teoría sigue siendo utilizada sin fallos por físicos y cosmólogos. Hacer un listado solo de los descubrimientos que cambiaron la vida de gente normal a lo largo de los últimos cien años nos ocuparía páginas y páginas. Sin embargo, cada vez nos enfrentamos a más discursos proclamando que lo que hay que hacer es dar un paso hacia atrás: volver al origen, retroceder un poco para igualar las posiciones de largada, reducir o prohibir todos aquellos avances que tengan externalidades negativas… como si olvidaran que la responsabilidad de los seres racionales para con aquellos que nos rodean es avanzar y arriesgarnos cada vez más, mejorar lo que no salió tan bien, crecer, explorar, incrementar ciencia, técnica e imaginación. Inventar cosas que nos permitan vivir cada vez más y mejor junto a aquellos que nos rodean y, de esa manera, construir un mundo mejor.

Nota: El «working title» que le puso Christopher Nolan a esta película mientras la estaba filmando fue «Flora’s Letter». Flora es la hija mayor del realizador y su película una carta de amor para ella.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 10 marzo, 2015 ~ 4 ~ 6

Sharing Cities. Ciudades con sentido común

Sharing cities
Hace un tiempo ya comentamos que al hablar del «mundo sharing» muchas veces se está hablando de una gran etiqueta que abarca mucho y significa poco. Sin embargo, también dijimos que parte de esa etiqueta nos gusta. Nos gusta su puesta en valor del comunal, nos gusta su capacidad de poder pensar en modelos de negocio diferentes, nos gusta su mirada reflexiva sobre las ciudades.

Las ciudades, esos territorios en pugna en los que se disputan modos de vida, son objeto privilegiado para la implementación de políticas públicas que, a su vez, intentan moldearlos. Habitualmente, esto se hace en nombre de los ciudadanos: de su comodidad, de sus recursos, se su inclusión. Pocas veces se les consulta sobre el uso de los espacios, otras menos sobre la priorización de los recursos económicos, casi nunca sobre cómo quieren vivir en esa ciudad. Y con esto me refiero no sólo a cómo quieren habitar el espacio público sino también a qué tipo de negocios quieren emprender, cómo desean consumir, cómo preferirían movilizarse por la ciudad o con quiénes preferirían estrechar lazos de confianza o lealtad.

No es sólo participar

Un presupuesto participativo, por ejemplo, puede propiciar el tomar parte en decisiones preestablecidas sobre una reducida parcela del gasto público. Pero, aun en los diseños más ambiciosos de política participativa, como puede ser una planificación estratégica participativa del territorio, el estado local podrá simultáneamente oponerse e interferir en estilos diferentes de vida, consumo, asociación o producción; muchas veces protegiendo, en nombre del ciudadano, intereses generados por rentas de posición capturadas por grandes empresas. Ejemplo de esto pueden ser la persecución de mercados espontáneos, los intentos de aplicación de impuestos al crowdfunding, la prohibición de transportes compartidos, el cuidado comunitario de niños, los alquileres temporales, etc.

El problema de estas regulaciones no es solamente que coartan el libre albedrío, sino que ponen en tela de juicio la capacidad de los ciudadanos de definir cuáles son los lazos de confianza a los que se quiere circunscribir.

El problema mayor es que el debilitamiento de los lazos de confianza repercute en un aumento de los costes de transacción. Esto es, cuánto menos confío en aquél con quien voy a cerrar un trato (el que fuere), más trámites, permisos y homologaciones voy a requerir para cerrar ese trato, lo cual se traducirá en un aumento (para las personas y para la administración) de tiempo y dinero para poder llegar a un acuerdo.

Sharing Cities

Algunas ciudades entendieron que sus vecinos deseaban otra forma de relacionarse, de moverse, de consumir, de producir y, además, que el darle un marco a esto podía constituirse en una marca para la ciudad. Algunos de esos casos, aunque de manera incipiente, son San Francisco, Seul y Amsterdam.

Seúl, por ejemplo, tiene como algunos de sus objetivos: ampliar la cantidad de infraestructuras compartidas, la promoción de empresas de intercambio existentes, la incubación de nuevas empresas de economía del compartir, la utilización de los recursos públicos ociosos…

La ciudad se propuso esta política como forma de resolver problemas sociales, económicos y medioambientales de manera innovadora. Detectó a la Sharing Economy como una forma de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, la Ciudad del Compartir se convirtió así en una medida para mejorar la vida de los ciudadanos, maximizando a su vez los recursos y el presupuesto de la ciudad.

El objetivo de la Ciudad del Compartir es crear empleo y aumentar los ingresos, frente a las cuestiones ambientales, reducir el consumo y el derroche innecesario, y recuperar las relaciones basadas en la confianza entre las personas. Según Kim Tae Kyoon, director de la División de Innovación Social de Seúl, la recuperación de un sentido de comunidad es un aspecto importante del proyecto.

Una política para cada ciudad

A veces serán bicicletas compartidas y otras parkings seguros para bicicletas en las estaciones de tren; a veces coworkings para nómades digitales o trabajadores liberales, y otras talleres de carpintería, electrónica o prototipado 3D; a veces la reutilización de un edificio vacío y otras la utilización de una escuela cuando no hay clases formales; a veces un mercado barrial en el que los emprendedores puedan testear un producto y a veces una guardería infantil en los bajos de un edificio para que los padres puedan ir a trabajar; a veces una feria gastronómica y otras un restaurante pop up o una cocina comunitaria…

Pero no estoy hablando de dispositivos instalados por los ayuntamientos, hablo de cooperativas de padres, grupos de consumo, asociaciones gastronómicas… porque compartir también significa responsabilidad, pasar a la acción.

El centro está en las necesidades y los deseos de las personas. Una ciudad que mira al futuro, es una ciudad que no interfiere con las necesidades y deseos de sus ciudadanos, que no se obsesiona con las regulaciones en cuanto percibe una nueva tendencia sino que la deja crecer para luego amoldarse a ella. Una ciudad así tendrá más posibilidades de generar riqueza, de atraer talento y de hacer de la creatividad su marca.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 24 febrero, 2015 ~ 4 ~ 24

Ciudades inteligentes, ayuntamientos tontos

smart cities
Ya no podemos decir ni que las «Smart Cities» estén de moda. Ya pasó. Ya no tiene ningún atractivo hablar de ellas. Porque es una idea vieja, porque no significa nada y porque, en definitiva, lo palpable del concepto ya es real, lo es cada vez más y no es otra cosa que un modelo de negocio inadmisible.

cámarasTanto en artículos de divulgación, como en prensa o en artículos académicos, si se habla de una Smart City, se estarán vinculando de manera más o menos sistémica:

  1. Cuestiones ambientales (sobre todo energéticas)
  2. Comunicación intersectorial
  3. El uso eficiente de bienes y servicios
  4. La integración de las nuevas tecnologías (sobre todo relacionados al transporte)

Pero en la vida cotidiana de la smart-city, la mejora de datos se convierte en «supervisión optimizada del espacio», la cooperación publico-privada en la captura de la ciudad por unas cuantas corporaciones; y la comunicación… no es más que la producción incesante de datos por parte de los ciudadanos sin recibir nada a cambio. Pero ¿cómo se llegó a esto?

Mas allá de los puentes y los túneles

Cuando se terminaron los fondos europeos para infraestructuras, llegaron los fondos europeos para I+D, en la búsqueda de no perder competitividad frente a Asia y EE.UU. y sobrevivir la crisis.

De esta manera, las entrenadas plumas de los ayuntamientos españoles comenzaron a redactar proyectos que permitieran comprar aquello que las empresas les venían a vender (con el número de subvención a la que se debía aplicar incluido en el show de ventas). Y esas empresas, no son cualquier empresa, son empresas muy entrenadas en vender artículos con trampa, algo así como una mosca que te deja sus huevos.

Así, Indra, Endesa, IBM y Telefónica, más alguna más, se encargaron de diseñar productos para España y para el mundo con una utilidad tecnológica que puede resultar interesante, para proveer servicios que, en la mayoría de los casos, nadie pidió específicamente y que, por una módica suma, capturarán al estado en concepto de manutención de infraestructura y licencias de software durante décadas.
EU

La innovación en la vida urbana

Indra_SmartCities(1)Un semáforo o una rotonda pueden ser de gran utilidad para una ciudad, también lo pueden ser algunos sensores y ni hablar de la utilidad de repensar una matriz energética o promover la utilización de bicicletas. Asimismo una tarjeta ciudadana o una iluminación eficiente pueden ser de gran valía para los vecinos de una ciudad, hacerles la vida más fácil y más segura.

Sin embargo, si hacemos la pregunta -típica en el diseño de políticas públicas- «¿Cuál es el problema al que se está atacando?, la mayoría de las veces podríamos responderla con «la falta de datos sobre cómo se mueven y qué consumen las personas», ya que ese pareciera ser el objetivo principal de las tecnologías implantadas, sin entrar en el detalle de la generación artificial de necesidades en absoluto prioritarias para los ciudadanos… como que el alcalde pueda representarse frente a un «panel de mandos de la ciudad».

Las ciudades inteligentes

Para empezar, los más o menos inteligentes son los vecinos de una ciudad. Conviven entre sí no de manera macro sino entre personas. En los barrios, donde esta interacción se da de manera más fluida, las necesidades se transforman en modificaciones de comportamientos y hasta de infraestructuras, a veces promovidas por los mismos vecinos.

arroces del mundoEl soporte administrativo de un ayuntamiento puede apoyar ese uso barrial de la ciudad y también puede regular el espacio macro de manera de optimizar infraestructuras y detectar injusticias, abusos o necesidades.

La ciudad es un terreno en pugna, una arena de batallas y resistencias, el escenario de distintos intereses que demandan su lugar, su forma de dar vida a la ciudad. Esas batallas se dan en un quehacer diario, entre comerciantes, emprendedores, empleados, parados, pensionistas, estudiantes, amas de casa, marginales… y el Estado municipal debería de saber de esa pugna, garantizar libertades, saber cómo son sus ciudadanos y pensar a futuro para que la ciudad pueda seguir siendo vivible: ¿habrá más viejos? ¿habrá más jóvenes? ¿qué producirán?

Poner lo común de una ciudad en explotación comercial y a sus habitantes a trabajar en una mina de datos no es sensato. Sin embargo, eso es lo que muchos ayuntamientos hacen, a cambio de promesas de unos datos tontos de circulación en el mejor de los casos, a cambio de una factura abultada en el peor.

No es elegir entre ciudades tontas e inteligentes, sino entre ciudades distribuidas y ciudades corporativas

Pero existe otra manera de hacer las cosas. No decimos que no a la tecnología al servicio de las ciudades. Necesitamos que los lugares en los que vivimos sean eficientes y estén al servicio de nuestras necesidades, también necesitamos que los ayuntamientos gasten menos y ofrezcan mejores servicios.

La manera de lograrlo es no pensando en el dispositivo que se ofrece sino en las necesidades que tenemos para optimizar la vida en la ciudad, la circulación del transporte, los servicios sociales, la calidad del aire, la calefacción en las escuelas, el cobro de salarios, el valor del suelo en el centro, la definición de nuevas centralidades, la apertura o instalación de nuevas empresas la promoción de emprendedores, la cohesión social… y las preguntas deben ser cuáles son nuestras prioridades, qué herramientas nos pueden ayudar, cómo se puede hacer de la manera más eficiente

¿Una fórmula? No puede haber captura corporativa ni se puede reducir los ciudadanos a generadores de datos y debe responderse a sus necesidades reales. Y los caminos que pasan por ahí no van de la mano de los gigantes corporativos sino de los datos abiertos, la fiscalización por cada ciudadano, las arquitecturas distribuidas y el software libre, tecnologías todas ellas más baratas, robustas, resilientes y que no generan dependencias eternas a las administraciones que a estas alturas todavía dicen con orgullo que «el cerebro» de su ciudad está en manos de una multinacional.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 24 enero, 2015 ~ 4 ~ 12

Pensando sobre la sociedad del comunal urbano

Make it co coperativeAnteayer los amigos de Communia nos invitaron a participar de una jornada en el Ateneu Candela. Lo que más nos gustó fue que nos invitaban a un «Debat sobre el paper de les ciutats per cooperar i construir formes de Bon Viure».

Como la cosa iba de comunal, empecé la charla por ahí; pero realmente quise poner el acento en lo productivo y en la necesidad de compromiso por parte de quienes creen que la generación y el mantenimiento de un comunal ayudan a la construcción de una ciudad mejor. Desde las Indias creemos que la mutualización y cooperativización de servicios, puede constituir, ante el declive del estado, el nuevo comunal, el que permitirá a la comunidad no descomponerse, organizarse retribuirse y autoconstruirse.

Sin embargo, confieso que no se si logré que quedara muy claro. Me jugó una mala pasada el libro electrónico y no se si pude transmitir lo que quería.

De todos modos las pasé muy bien y por eso quiero compartir lo que allí dije.

Construyendo la ciudad del comunal urbano

El trabajo comunitario y ese bien público no estatal llamado comunal o procomún, tradicionalmente materializado en las tierras comunales, constituían el centro de la organización económica y estructuraban el desarrollo de un sistema de bienestar social diseñado a medida de una comunidad. Así, esta comunidad se organizaba alrededor de un sistema de producción-cooperación. Este tipo de organización evolucionaría más tarde en el cooperativismo moderno.

Lo importante es que en no pocos lugares, la organización económico-social de este tipo, sobre la base de la producción común generaba una variedad de servicios que iba desde bares u otros centros de ocio, a sistemas de previsión social o seguros de vida.

Características importantes de este sistema eran:

  1. El comunal estaba compuesto, entre otras cosas, por bienes de capital (las herramientas por ejemplo)
  2. La comunidad se organizaba económicamente a su alrededor (organizando el trabajo y decidiendo sobre la utilización de los beneficios)
  3. La riqueza generada por este trabajo y estos bienes de capital revierte en la comunidad.

El paso de un mundo descentralizado a otro distribuido

red_distribuidaHoy la productividad se multiplicó y la estructura de la comunicación se modificó. Pasamos de un un mundo descentralizado hacia un modelo distribuido de comunicación, el mundo de Internet. Esto nos permite, comprar materias primas donde sea y, sobre todo, vender nuestro producto allí donde lo quieran comprar.

Cada vez es posible producir a menor escala, en realidad, cada vez es más rentable. La crisis de la economía de escala hace que el óptimo de rentabilidad se obtenga en una escala productiva menor. Esto quiere decir que podemos tener gran alcance para nuestra producción de pequeña escala. El resultado agregado es a lo que denominamos «globalización de los pequeños».

Además, el crecimiento de un discurso favorable, el de la economía colaborativa, nos ayuda a generar una audiencia, un marco comprensivo, un clima favorable, un cambio cultural.

El antecedente del software libre

Con el software libre], ha aparecido un nuevo modo de producir y distribuir, cuyo centro no es la acumulación de capital sino el «comunal».

Un modelo en el que el mercado es de accesibilidad universal, elimina rentas -de propiedad intelectual, de posición, etc.- para centrarse en remunerar el trabajo y premiar la innovación y la personalización que enriquecerán de nuevo el procomún. Un verdadero modo de producción P2P, que igual que sirve para producir software sirve para producir objetos materiales y todo tipo de servicios bajo una lógica de la abundancia.

Del software a los objetos

glif_photo01La generación de un nuevo comunal, nuevas herramientas como la impresora 3D, las nuevas escalas óptimas, las posibilidades de un mayor alcance a pesar de la pequeña escala y la idea de innovación permanente en lugar de la obtención de rentas, posibilitan modelos de negocio a los que llamamos de Economía Directa.

La economía directa entonces, genera disipación de rentas y se convierte tanto producto como vector de la globalización de los pequeños. En muchos casos, colaboran al aumento del comunal aportando a repositorios de software libre o haciendo devolución de sus innovaciones.

De ese modo la Economía Directa es la antesala del modo de producción p2p, un modelo plenamente basado en el comunal que vemos ya en industrias como la producción de muebles a partir de repositorios públicos libres.

La relación con la Economía colaborativa

I dont needLa Sharing Economy o economía colaborativa no es más que una etiqueta. Un gran paraguas de múltiples significados que diferentes actores utilizan como marco para distintas causas, servicios, objetos, modelos de negocio, etc. Sin embargo, creemos que la expansión del consumo colaborativo es un indicador de cambio cultural.

No nos interesa en este terreno la predominancia de una economía desmonetarizada respecto de una monetarizada, tampoco la disminución del consumo. Ni siquiera sus aspectos más «verdes». Nos interesa una audiencia creciente. Y nos interesa como forma de financiamiento. Porque la «sharing economy» puede generar sin embargo transformación social cuando, a través de los sistemas de financiación colaborativa (crowd sourcing) sirve de motor a la Economía Directa.

La sharing tiene entonces dos dimensiones interesantes:

  1. En tanto consumo colaborativo, alienta un cambio cultural que reinterpreta los servicios públicos
  2. mientras que como sistema de financiación industrial para proyectos de desarrollo del comunal productivo y de la Economía directa.

¿Es en si transformadora la «sharing economy»?

No por si misma. En realidad, la clave que hace posible cambios sostenibles en las relaciones económicas está en el incremento de la productividad y eso está ocurriendo en otro lado:

  1. desde la economía directa -al empoderar a las PYMEs industriales, difundiendo el uso productivo del procomún digital, globalizándolas y multiplicando su productividad
  2. y desde el modo de producción p2p tanto en inmateriales como el software libre, como, cada vez más, gracias a un creciente comunal de diseño industrial, en la producción de objetos de consumo.

Además, el simple hecho de compartir no significa generación de procomún. Sabemos bien que la mayoría de los casos de éxito se reducen a novedosas formas de alquiler que optimizan el acceso. Pero no son más que eso, mercados o sistemas de alquiler aunque partan de modelos originalmente mutuales o comunitarios. Es cierto que priorizar el acceso frente a la posesión, nos cambia la mirada y nos hace posible pensar en nuevos escenarios, pero sabemos que si eso es posible sólo gracias a una red centralizada, estamos perdiendo en otro frente (o en varios a la vez).

Sin embargo, tampoco es suficiente con desarrollar independencia de plataformas centralizadas. La simple solución a nuestros problemas de acceso a bienes o servicios a partir del compartir, no genera el tipo de interrelaciones y responsabilidades que caracterizan al comunal. Al revés, por lo general, la mediatización de plataformas en el intercambio, nos exime de la responsabilidad de construir relaciones, de observar necesidades comunitarias y organizarnos para darles respuesta.

Y es que la generación de comunal es importante como estrategia contra la descomposición social en un momento de retirada estatal.

La mutualización y cooperativización de servicios

cajaA nuestro alrededor hay todo un universo de cosas sucediendo que apuntan a un cambio mayor:

  • La organización del cuidado de niños, «casas nido» o «jardines/parvularios rodantes», las cooperativas para la generación de energía como Som Energía, o para el acceso a Internet como Guifinet son ejemplos de nuevos comunales urbanos.
  • Los mercados como Open your Ganbara, las visualizaciones o cartografías como Sharing Cities, Share and Save en Adelaida o la Cartografia col·laborativa dels comuns a la ciutat de Terrassa son ejemplos de acciones que facilitan el cambio cultural y tomar consciencia de que hay una alternativa comunal en marcha.
  • Kickstarter en el financiamiento de proyectos de proyectos productivos y Kiva en pequeños emprendimientos via ONGs son ejemplos de financiación «no capitalista», donde nuevos proyectos productivos recogen el capital que necesitan para ponerse en marcha sin tener que ceder propiedad.
  • Las mutuas, los servicios complementarios al sistema de salud o a la intermediación laboral son ejemplos de aplicación de la lógica de construcción de comunal desde las prácticas cooperativas… aunque, cuando no están basadas en una producción en común (una cooperativa de trabajo o un grupo cooperativo) como todas las cooperativas de consumo, tienden a difuminar las responsabilidades individuales y convertirse en sistemas burocratizados financiados colectivamente, no muy diferentes de los del estado.

Lo positivo de este tipo de proyectos y experiencias es que generan responsabilidad personal y comunitaria, fortalecen lazos sociales a la vez que construyen las respuestas necesarias a los retos urbanos actuales y dan forma a un nuevo tejido social y productivo. A una ciudad del comunal.

Algunas observaciones ex post

  • A partir de las exposiciones y de las conversaciones mantenidas más tarde con los demás indianos, se nos generó cierta curiosidad respecto al enfásis en la artificialidad sobre los bienes comunales y sus posibles implicaciones y causas. El resultado del debate lo redactó David en un post específico ayer.
  • Por otro lado, la mención al comunal siempre se hace en función de la capacidad de compartir y en consecuencia generar tejido social, lo cual es muy cierto; pero se le da poco o nada de lugar al origen y sentido productivo del comunal, de cómo generaba -y genera- valor y excedente y cómo esa generación revertía -y revierte- en la comunidad. Me produce algo similar a lo que siento cuándo nos cuestionan el que aspiremos a ganar dinero por nuestro trabajo.
Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 7 enero, 2015 ~ 1 ~ 12

Gente o paisaje

Mapa del FuerteNo conozco muchos modelos urbanos. Crecí en una típica cuadrícula y luego, ya de grande, conocí las ciudades medievales, sus calles concéntricas y las murallas.

Hace unos meses, visitando el Museo Arqueológico en Oviedo, miraba las maquetas de los castros con sus murallas y me preguntaba de qué se defendían. Se defendían de los otros castros pero, más allá de que eran gentes de costumbres muy violentas, se defendían de la escasez. Castro

Lo que en cada momento se considera escaso da forma a los sitios que elegimos para vivir: desde los puertos a las ventanas, desde los jardines y parques públicos a los sótanos, desde las calles anchas a un mercado o un galpón de acopio.

El aire, la luz, las vistas, el aislamiento, el hacinamiento, los puentes, las cloacas, las tierras comunales, las escuelas o los talleres, son parte de nuestro estilo de vida, el deseado o el impuesto.

Las ciudades muchas veces tienen límites tanto históricos como naturales, otras veces se pueden expandir hasta donde lo permita el horizonte.

La especulación, el estado, las condiciones climáticas, los poderes fácticos, las comunidades reales… todos dan paso a la conformación de la ciudad y a las percepciones inmediatas que tenemos de ellas.

Pero qué pasa cuando, aparentemente contracorriente, hay comunidades reales o imaginadas que intentan ubicar su estilo de vida en consonancia con el lugar que habitan?
Ciudad utópica

El status

countryCountry clubs, clubes de campo, urbanizaciones, barrios cerrados… son todas formas de organización del territorio de manera tal de que los espacios públicos sean propiedad de los propietarios de las viviendas o de las sociedades que los administran. Sin embargo, su objetivo mayor es el de aportar cierto estatus social a sus vecinos, proveyéndoles de cuestiones que consideran escasas: comunidad de vecinos homogénea socialmente, aire libre, seguridad, aislamiento. Distinción.

Barrio cerradoEn algunas ciudades la valoración de la urbanización cerrada llegó a significar tantas cosas que hasta existen algunas que tienen la calidad urbana y edilicia de un barrio popular del extrarradio. Seguramente sus habitantes buscan diferenciarse de sus vecinos que viven de manera similar pero sin un cerco y una barrera en la puerta, quizás para sentirse un poco más próximos a quienes, en la misma zona, construyeron barrios con casas de película, campos de golf y piscinas; barrios en los que se retrata la necesidad de vivir una vida de fin de semana todos los días del año.

Estos barrios crecieron a partir de un discurso de búsqueda de mayor seguridad (en las diferentes acepciones que permite el término), verde, tranquilidad, disfrute y vida sana, sobre todo para los niños. Una especie de vuelta al origen, a aquello que la ciudad no nos permite.

Acaso no es un discurso similar al de las ecoaldeas?

ecoaldeaAcaso quienes deciden ir a vivir a una ecoaldea no declaran también una vuelta al origen que culpa a la ciudad como enajenadora de valores? No buscan también distinción?

Sobre todo hablo de aquellas, la mayoría, que tienen prácticamente el mismo modelo de negocio inmobiliario, aunque cambien piscinas por huertos comunes.

Gente o paisaje

plano-nordelta1Desde los barrios privados más lujosos, exclusivos u originales hasta las experiencias más agrestes, pareciera buscarse un paisaje, un escenario que coincida con una fantasía. Tus vecinos tendrán en común esa fantasía.

Como una viuda de los jueves, buscarás coincidencias con aquellos que desearon el mismo escenario para sus vidas, no importa si era una cancha de golf o un huerto común, ese es el punto de contacto. No hay proyecto común, ni objetivos compartidos, sólo necesidad de distinción.

Un proyecto de vida diferente que no incluye la variable «¿con quién lo llevaré adelante y cómo?» es solo la búsqueda de un paisaje. Dejar la ciudad, con lo aleatorio de sus espacios comunes y sus vecinos, para la construcción de una ficción con gente a la que decides tratar como iguales por su gusto similar respecto de las piscinas o el ladrillo a la vista, es menos que una experiencia turistificada, muy distinto de proyectos entre personas que buscan generar realidades alternativas. Mundos posibles.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 25 septiembre, 2014 ~ 1

La Pradera del Silicio

Catchfire
Hace un par de meses hablábamos de cuánto nos había gustado la serie «Silicon Valley», de cómo nos hizo reír con su parodia startupera y nos abría la puerta a pensar en ese ejército industrial de reserva que prueba suerte en el Valle del Silicio.

halt-and-catch-fire-season-1-Inmediatamente después de ver esta serie, comenzamos con otra también dedicada al mundo informático, aunque esta vez centrada en el hardware: «Halt and Catch Fire».

En este caso la serie está ambientada en el Silicon Prairie de Texas en 1983, en el desafío de competir con IBM, en la carrera por demostrar que podía haber un ordenador personal en cada hogar.

Hello I am MacLa verdad es que la serie está muy bien, nos cuenta sobre la visión tecnológica de la época, sobre los paradigmas en disputa… y también nos muestra un precioso mapa de personalidades involucradas en los proyectos en ese momento, cabezas que se combinan para sacar un producto adelante, motivaciones diferentes pero con el común denominador de creer que algo tiene que salir bien. Ingenieros, freakies, programadores, vendedores, gerentes tradicionales reconvertidos… todos hackers en lo suyo.

31-halt-and-catch-firePero además de sumergirnos en las tendencias de hardware y software de la época, de contarnos cuánto son capaces de trabajar los protagonistas, en lo que nos sumerge la película es en una obsesión por el futuro, por lo que viene después y, sobre todas las cosas, nos sumerge en un mundo donde lo que prevalece es el riesgo y la responsabilidad personal, donde lo que está en juego es la reputación o el patrimonio propio, donde no se trata de hacer una buena presentación para conseguir capitalización y comenzar a desarrollar, se trata de vender y de jugarse todo para eso. Porque si no vendes, no importa cuán listo eres; si nadie compra lo que haces, para ti ya no hay futuro.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 3 septiembre, 2014 ~ 9

Al agua

sub
¿Vamos a tomar mate al río? ¿Vamos a ver el amanecer a la playa? ¿Vamos a la costanera que corre más aire?

Ir a ver agua, ir a aprovecharse de su fresco, ir a hipnotizarse con su fluir. Convertirla en paisaje y en escenario. Sumergirse, sobrevolarla, saber que está.

Sabemos que el agua es importante para que broten semillas de la tierra y para que se establezcan puertos. Sabemos que hay tantas bellas ciudades al lado del agua por esa razón.

Pero qué nos hace ir a buscar el agua? ¿Es solo un poco de fresco?

PortmanAprendí a nadar de muy pequeña, creo que el hecho de que mi papá no supiera nadar hizo que sus cinco hijos aprendiéramos cuatro estilos antes de los tres años. Del Tigre ya les hablé, del Azul Profundo también; de amaneceres y atardeceres playeros (dependiendo de la costa) tenemos historias todos.

Podría completar con esos lagos patagónicos que te quitan el aliento, o esos balnearios de río siempre acompañados de asado y Fernet.

RioCosquin

La primera vez que sentí la sequía fue un verano en San Juan. Íbamos a un congreso de sociología y teníamos muchas ganas de divertirnos. Los 1.400 kilómetros de viaje habían sido buenos, el cielo era azul, la ciudad era bonita. Nos habíamos escapado varios de los cierres de lista de las elecciones de la facultad y en un intervalo para los sectarismos, lo que hoy llamarían «la casta» de distintas agrupaciones, estábamos encantados de estar juntos y lejos de Buenos Aires.

La cuestión es que después de unas horas de estar disfrutando del estar lejos, vimos el agua que corría por las acequias y nos dimos cuenta de que no había dónde ir a disfrutarla: había sol, hacía calor, no era Buenos Aires… ¿a dónde están el agua y los chiringuitos? Estaban lejos, pero existía un dique… había que llegar allí. Fuimos.

dique-cuesta-vientoAños más tarde tendría la suerte de volver a esa provincia y conocer uno de los lugares más lindos que me tocó conocer: otro dique, uno que había sido construido en el medio del desierto, convirtiendo a ese pedazo de desierto entre montañas en el paraíso del windsurf y de las semanas santas con amigos.

Alguna vez más sentí la sequía en medio de algún viaje, pero sabía que íbamos hacia el agua.

En Madrid no, en Madrid se siente la sequía. El cielo es azul, la ciudad es bonita, el verano es intenso, muy intenso… y no hay dónde ir a remojarse. Peor, no hay a donde ir a ver agua…

Peru_BeachEstudié materias enteras mirando el Río de la Plata, escuché y conté las cosas más alegres y más dolorosas mirando ese río Marrón. Bailé y me emborraché en la playa, miré pasar el río con amigos disfrutando de la noche en un muelle, pasé horas mirando una ola explotar en una roca, picos reflejarse en lagos, ríos atravesar valles… noches de calor infernal buscando fresco en la costanera correntina, haciendo la digestión y escuchando chamamé.

La pregunta es ¿por qué el agua? ¿Por qué ese fresco especial en la era del aire acondicionado? ¿Por qué esa fantasía de tirarse a que te abrace el agua? ¿Por qué ese ir hacia el agua?

Creo que no es el agua lo que buscamos, es el horizonte. Como si esa carta de navegación estuviera en nuestros genes. Como si tuviéramos una memoria de tierras fértiles y barcos que van buscando nuevos destinos en nuestro ADN… saber que el agua está ahí, tenerla en nuestro horizonte y que ella haga a nuestro horizonte infinito nos da paz, nos da sentido.

Carolina Ruggero

Carolina Ruggero 151 ~ 23 junio, 2014 ~ 36

El turista de la vida anodina

Epcot world showcase
Cuando era adolescente salté por primera vez de hemisferio. Como ya comenté en otras oportunidades, mi parentela se expandía por una extensa geografía, y la política económica argentina facilitó el que hiciésemos un viaje de gira de reconocimiento parental a Estados Unidos.

Terminando el emotivo tour, hicimos una última escala en Florida. Allí visitamos Epcot Center, donde además de disfrutar las atracciones «futuristas», me quedé con la boca abierta con las reproducciones de edificios emblemáticos de distintas latitudes. En una horita conocí desde la Torre Eiffel a la Pirámide de Chichen Itza, pasando por templos chinos y japoneses y paisajes marroquíes e italianos.

Al regresar a Buenos Aires me divertí engañando durante un rato a los desprevenidos, mostrándoles las fotos y haciéndoles creer que había dado la vuelta al mundo. Luego enseñaba una imagen tomada desde el lago alrededor del cual se ubican las distintas escenografías, evidenciando que estaban una al lado de la otra.

Por esa misma época comencé a descubrir lo que significa el turismo para una importante porción de clase media periférica: dormir en camas mejores que las de casa, tener habitaciones mejor decoradas, comer en lugares más lindos que los del barrio, conducir mejores coches. Eso eran las vacaciones, un viaje al confort.

Por suerte, en una rama de mi familia, el aprender a viajar en cualquier condición viene prácticamente con el ADN. Desde chica me explicaron que gastar dinero en viajar era invertir para aprender a conocer lugares y gente distinta. La diferencia es la de querer conocer lo diferente con hambre en ojos, nariz y oídos, o buscar una experiencia controlada.

La exigencia de la transparencia y la opción por la esclavitud

dbnews_Transparencia_3El mes pasado Juan nos hablaba de la sensación que le producía un discurso sin tartamudeos, liso, sin matices, e hizo referencia a Byung-Chul Han y su definición de que la sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual.

Han, además, haciendo referencia a la dialéctica del amo y del esclavo, dice que «el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento» a cambio de un modo de vida escasamente interesante, «la mera vida, frente a la buena vida»:

A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad.

El discurso de la transparencia conlleva de esta manera no solo la falta de sorpresas respecto del otro y lo otro, sino también frente a las propias experiencias íntimas, redundando en una experiencia vital abúlica.

La turistificación

También el mes pasado, Alberto nos hizo referencia a un artículo de Niccolò Viviani, dirigido a los millennials, en el que arranca diciendo:

Somos una generación de esclavos felices… somos perezosos, vacíos, descompuestos, irresponsables, irrespetuosos. No sabemos sufrir, no sabemos lo que significa sudar y ganar cosas, no queremos crecer y asumir responsabilidad… la causa de esto es que fuimos criados en un zoológico. Nos educaron en una prisión feliz, una burbuja que nos ha protegido de la vida real, el dolor, la fatiga, el compromiso, la necesidad, la incertidumbre, la ambigüedad…

En otras palabras, Viviani nos describe el recorrido desde la primera indicación de no poner la mano en la estufa hasta la universidad y el trabajo, a través del cual aprendemos las claves para que todo ocurra sin el menor estrés, hasta llegar a ese final feliz llamado jubilación.

Además, en el artículo Viviani retoma un concepto de Nassim Taleb: La Turistificación. tourists_native_performers

Se trata de la eliminación sistemática de la incertidumbre y la aleatoriedad de las cosas, tratando de hacer todo muy predecible en sus más pequeños detalles. Todo eso por el bien de la comodidad, la conveniencia y la eficiencia

El turista, en contraposición al viajero de Benjamin que disfruta en ese espacio inmenso y enmarañado que es la vida, busca un viaje seguro y predecible: transparente.
Spain Financial Crisis

El turista sólo tiene que seguir el camino común y eficiente, y su propósito es tomar una selfie en los lugares más populares para mostrar al mundo dónde estuvo.

No vive el viaje, sólo piensa en cómo lo mostrará, cuando vuelva, a sus amigos.

Todos tendemos a reducir los espacios de incertidumbre, es normal, lo hacemos para no volvernos locos. Pero hubo un momento en que este instinto de supervivencia se amplificó, negando prácticamente la posibilidad de toda experiencia auténtica.

No se puede crecer y madurar de manera controlada, sin incertidumbre. La experiencia vital sin elecciones y posibilidades de pérdida es una vida en la que no interviene el deseo. No es posible aprender de manera predecible porque tampoco existe la pasión sin incógnitas, porque ahí radica el espíritu de la aventura.

Con temor a temer o a elegir, se opta por la no-libertad y se confunde el turismo con la experiencia. Así, una pasantía de dos semanas se convierte en una experiencia laboral, un viaje de estudios en la aventura de educarse trasnacionalmente, concurrir a una fiesta de masas homogéneas en Plaza Sol/Vodafone en participar de una revolución…

Así, todo se reduce a…

JuniorAchievment
Así todo se reduce a una experiencia lo suficientemente controlada como para poder experimentar la sensación de la euforia que produce la novedad sin la responsabilidad que conlleva lo desconocido. La posibilidad de construir el relato de uno mismo sin el dedicado trabajo que conlleva la construcción de una biografía.

Un aprendizaje epidérmico. El empoderamiento en falso que todo lo que permite es optar por no ser libre.

Carolina Ruggero151 ~ 29 marzo, 2015 ~ 4

De paseo

Setenta apartamentos y ningún balcón

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David de Ugarte1 ~ 26 marzo, 2015 ~ 13

Probando el nuevo sistema de comentarios

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Carolina Ruggero151 ~ 9 marzo, 2015 ~ 0

¿Pedimos helado?

HELADOS1

La selección de los sabores del helado parece ser, por momentos, un acto más atado a la moral que al gusto: se discute con una pasión y una severidad propia de una discusión política, o peor, futbolística. Durante varios años realicé las siguientes anotaciones: qué gustos eran pedidos, cuáles se acababan más rápido y cuáles sobraban. Las conclusiones fueron fascinantes.

Si quiere conocer los resultados, tendrá que leer este post de Federico Ricciardi. A mí me encantó porque me trasladó a un mundo fascinante del cual no eres consciente cuando estás inmerso.

No tengo idea de si es un mal universal, solo sé que las últimas veces que fui de visita a Buenos Aires en verano, pude realmente darme cuenta del fenómeno que ocurre al momento de elegir grupalmente los sabores del helado.

Supongo que vi el fenómeno magnificado, ya que al estar de visita, cenaba en casas de amigos con varios invitados casi todos los días. Al terminar de cenar, el 100% de las veces se sucedía la pregunta

-Pedimos helado?

Inmediatamente alguien agarraba el teléfono, papel y lápiz. Suponiendo que la decisión de a qué heladería llamar se saldase rápidamente -porque suele ser una decisión del dueño de casa y porque justo no participase de la cena ningún fundamentalista fanático de alguna cadena en especial- comenzaba la ardua, conflictiva, fundamental, emocional… batalla por los sabores. Primero por la cantidad y luego por los «gustos» en sí. Se suceden gritos clamando por nombres de fantasía, variantes de chocolate o dulce de leche y asombrosas frutas que, en el fondo, a nadie le gustan. Entre la batalla de los sabores y lo que tarda la moto en venir con los codiciados potes, suele transcurrir más tiempo que el que se demoró en el picoteo y el asado o las empanadas. Lo bueno, es que los asistentes ya recobraron para ese entonces su apetito.

Carolina Ruggero151 ~ 13 enero, 2015 ~ 0

Ciudades Colaborativas, Ciudades Inteligentes

Bajo San IsidroTerminando el 2014 me invitaron a dar una charla en la ciudad de San Isidro, en la Provincia de Buenos Aires. Más específicamente, en el Bajo de San Isidro, una zona que se vio revitalizada en los últimos años gracias a, entre otras cosas, la acción innovadora de jóvenes empresarios gastronómicos que, animándose a emprender pero también a colaborar entre ellos, lograron dotar de una interesante vida cultural a la zona.

Unos días después de la presentación, me hicieron una entrevista. La dejo aquí.

Carolina Ruggero151 ~ 18 diciembre, 2014 ~ 2

Marceloté

Marceloté

Ya es el día siguiente por aquí, pero hoy cerró sus puertas Marceloté.

El edificio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en el que estudié, donde los estudiantes sobrepasaban ampliamente la capacidad de sus aulas, donde atravesar las puertas entre estudiantes y militantes tomaba media hora, donde crecí, milité e hice muchos amigos, quedaba en la calle Marcelo T. de Alvear.

Para albergar a estudiantes de Ciencia Política, Ciencias de la Comunicación, Sociología, Relaciones del Trabajo y Trabajo Social, no le alcanzaban sus aulas (con sus respectivas subdiviciones, sus pisos para sentarse y sus pasillos para escuchar de lejos) ni las aulas de las facultades aledañas que tomaba prestadas y fue abriendo distintas sedes.

Por eso a esta, a la que me albergó como estudiante, militante y profe, se la llamaba Marceloté. Hoy cierra sus puertas y con ellas sus pasillos y su mítica Aula 100. dejarán de dictarse materias de las carreras allí.

Mis ideas sobre lo que se debe esperar de la educación universitaria cambiaron mucho y sobre cuál debería ser el rol institucional y social de la universidad también, pero puedo decir con certeza que gran parte de lo que soy se lo debo a ese paso por Marceloté, a los amigos que hice, que hoy están en Buenos Aires y en otras ciudades del mundo, y a aquellos profesores que sí ocuparon el rol que sigo defendiendo: aquellos que dispersaban generosamente su conocimiento provocando querer entenderlos, aquellos que defendían que las lecturas debían estar provocadas por un debate previo, aquellos que nos enseñaron a aprender.

No cabe contar las cosas que aprendí, sufrí, disfruté, discutí u organicé entre aquellas paredes, pero no puedo dejar de permitirle un lugar a la nostalgia y brindar por Marceloté.

Carolina Ruggero151 ~ 9 diciembre, 2014 ~ 3

Lugo de noche y con amigos

Aprovechamos un viaje de trabajo a Gijón para ir unos kilómetros más y visitar a nuestros amigos en Lugo. Aquí el escaso testimonio de un fabuloso paseo nocturno. El análisis comparativo sobre a qué se llama tapa, queda para otro relato.

Lugo 1

Muralla de Lugo

Carolina Ruggero151 ~ 28 noviembre, 2014 ~ 5

Taxi!

Easy Taxi
De mi último viaje a Buenos Aires tengo varias cosas para contar e intentaré ir haciéndolo antes de que queden obsoletas.

Comienzo por la primera. Se trata de una aplicación móvil.

Sabía que existía porque hace algún tiempo me habían llegado publicidades asociadas a algunos servicios online que mantenía en Argentina, pero no fue hasta este viaje que presencié, disfruté, adherí y milité su utilización.

Estoy hablando de Easy Taxi, una aplicación de origen paulista, ideada por un chico llamado Tallis Gomes, que te permite pedir un taxi y conocer datos específicos tanto del recorrido que está haciendo el vehículo, el tiempo estimado, el nombre del conductor y su teléfono. Un mapa te va mostrando todos estos datos en tu teléfono o tableta en tiempo real.

En Brasil, Easy Taxi cuenta con 50.000 conductores de taxi y tres millones y medio de usuarios. Además, ya está en funcionamiento en más de 30 países con siete millones de usuarios (en ascenso).

La motivación inicial de esta app fue la de la seguridad tanto de los pasajeros como de los conductores. Mediante la verificación de cuentas y la visualización de números de teléfono, además del registro de la solicitud, ambas partes se sienten confiadas antes de iniciar el trayecto.

Por supuesto para que esto sea posible, autorizas a la app a que tenga acceso hasta a tu código genético y no estamos seguros sobre el tratamiento que se dan a estos datos. En realidad, todavía no sabemos cuál es su modelo de negocio porque por el momento sigue teniendo éxito en las rondas de capitalización.

Sin embargo, lo que me gustó de esta aplicación, lo que realmente me entusiasmó para su utilización, es que puede llegar a eliminar a los centralizadores del servicio de taxis en ciudades como Buenos Aires, a los intermediarios innecesarios que, con una tecnología obsoleta, surgieron como respuesta al aumento de la sensación de inseguridad y terminaron capturando a clientes y taxistas, generando además un precio más alto.

Con aplicaciones de este tipo, que además no le piden exclusividad a quien presta el servicio, la relación es directa entre oferta y demanda, entre un trabajador autónomo y su cliente. Además, en el futuro se plantean la posibilidad de posibilitar que los clientes compartan taxis.

Si me cabía alguna duda al respecto, bastó con constatar el entusiasmo que manifestaban los taxista con esta app, cómo todos los que la utilizan ahora cuentan con gps, cómo difunden su utilización y, sobre todo, cómo para esto están obligados a ejercer con simpatía.

Carolina Ruggero151 ~ 4 octubre, 2014 ~ 0

El Camino del Mar

Santoña Rodiles La RíaEl Camino IMG_20141002_190838 Naranco Sidrería Escanciador Las señoras en la Playa de San Pedro Los Señores en la Playa de San Pedro Vista al mar desde Cimadevilla

Carolina Ruggero151 ~ 5 septiembre, 2014 ~ 2

GRACIAS TOTALES

Gracias Totales

Carolina Ruggero151 ~ 26 agosto, 2014 ~ 0

El camino del mar

puerto fenicio

El concepto de comercio, rutas comerciales, internacionalización, optimización de espacio, logística, diseño, oferta conjunta de productos, complementariedad económica, navegación, nichos…

Esto y mucho más es lo que se puede aprender yendo de visita al Museo Nacional de Arqueología Subacuática situado en Cartagena.

Las colecciones expuestas en el museo están constituidas principalmente por objetos procedentes de excavaciones arqueológicas subacuáticas desde el siglo VII a.E.C. al XIX d.E.C.
Especialmente significativas, tanto por su volumen como por su calidad, son las piezas de época fenicia, así como los conjuntos de procedencia romana.

El premio mayor se lo llevan los pecios fenicios de Mazarrón y de San Javier, y sus ánforas con recuerdos de pescado, platos, lucernas, cuencos, urnas, ungüentarios, peines, ámbar, marfiles y bronces…

Por su patrimonio y por sus estrategias didácticas para todo público es sin duda un lugar para visitar.

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